Conocí a Manolo Solo cuando tenía dieciocho años.
Estábamos en un festival y él presentaba el cortometraje "El tren de la bruja" (Ídem - Koldo Serra (2003)) y mi hermano y yo, un pequeño trabajo realizado con nuestros amigos de La Fresneda.
Empezábamos a hacer cortos, y estábamos muy ilusionados con lo que comenzaba a ser nuestra profesión, más allá de una afición adolescente.
Con el paso de los años coincidí con Manolo no únicamente en festivales, también nos solíamos encontrar de vez en cuando en Madrid y siempre tuvimos un trato cariñoso y amable.
Nuestros caminos se cruzaron de manera más continuada en las dos temporadas que hicimos de "30 monedas", para el que escribe estas líneas, además de ser la experiencia de mi vida, me alegra haber formado parte de algo tan único.
Con Manolo viví muchas cosas, anécdotas de rodaje, viajes y días de hotel.
Aún recuerdo con cariño nuestra estancia en Roma por unos días.
Son bonitos recuerdos que no olvidaré.
Con él no se va únicamente un grandísimo actor; todos sin excepción en la profesión le admirábamos.
En mi caso, se ha ido alguien al que siempre recordaré con un cariño especial.
Además de ser de las primeras personas que conocí en esta profesión, esas cosas nunca se olvidan.
Gracias por tus charlas, por tus consejos. Hubo uno que me llevaré siempre conmigo.
Te hice caso, así que reitero mi agradecimiento y te mando un beso y un abrazo allá dónde estés.

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