jueves, 27 de septiembre de 2012

EL TIEMPO DE PLÁCIDO MEANA

Anoche, bar "La Revuelta" 22:45 llegué junto con Carpintero al segundo pase de la primera película como director de Kike Narcea "El Tiempo de Plácido Meana".
Un filme que le había costado la friolera de cinco años terminar. En el lugar (que también había sido parte del set de rodaje) un ambiente agradable y de buen rollo (algo que transmite Kike todo el tiempo).

El pase de la película se retrasó media hora. El público de la proyección anterior aún estaba felicitando a Kike por su película.
Mientras, sobre la barra, fruta y champagne hacían más amena la espera.

Finalmente, un hombre que no conocía de nada presentó la película y a continuación a Kike.
El filme comenzó, el arranque con Cristina Gallego detrás de una barra me atrapó. Después, unos títulos de crédito estupendos. Parecían rodados en Super 8. Una espectacular mujer baila en una cama al son de la música. (Ya me había ganado).

Al poco, ya sabíamos de que iba la película, un grupo de jóvenes quieren hacer un documental largometraje sobre el primer español que había dibujado para Marvel. Pero había algo más.

Mientras los personajes van en el coche rumbo a Madrid (la acción se desarrolla entre la capital de nuestro país y Lugo) hablan de otro personaje, Basil.

Al minuto descubrimos al tal Basil que nos casca un monólogo espectacular (no voy a revelar sobre que) y ¡zas! ya está, ya me tiene, Kike me ha atrapado.

Comienzan las referencias a películas de nuestra infancia, series, juegos de mesa y todo ello mezclado con una estética Underground madrileño-gallega que me fascinó.

Al terminar, los aplausos invadieron el local. A continuación, le dije a Pazos refiriéndome al tipo que había presentado al película - ¿quién es?, Me suena mucho.

- Es uno de los protas de la peli. - Dijo Pazos.

Al segundo me di cuenta, ¡era Basil!. Más delgado y con pelo y barba. (La magia del cine, tienes a un actor al lado al cual has visto mil veces y ni te das cuenta de que es él. )

* He buscado el nombre de este chico  en IMDB. Su nombre es Miguel Lago Casal. ¡Cineastas del mundo contrátenle!

Una vez concluida la película me quedé pensando. Recordé cuando Kike me habló de su filme mientras tomábamos unas copas tras un pase de "Diamond Flash" del genial Carlos Vermut.
Nunca pensó en arrojar la toalla. Siempre quiso terminar la película. Le ha costado mucho sacrificio, pero el resultado es bueno, excelente diría yo.

"El tiempo de Plácido Meana" es un título sin pretensiones, Kike solo quiere contarnos una historia, su historia. Nada de encuadres imposible, ni tramas complicadas, únicamente tiene un propósito, hacernos reír.
¡¡Enhorabuena medio paisano!!

viernes, 14 de septiembre de 2012

TERTULIAS EN EL O'CURRUNCHO

Chus y Roberto los dueños del "O'Curruncho"
(ahora el lleva bigote)
Mi amigo Ángel Pazos es un tipo amante de la buena cocina. En ocasiones le gusta deleitarnos con unos suculentos platos y otras veces le gusta ir a comer a sitios maravillosos.

Hace cosa de un año, gracias a el, descubrí un sitio magnífico el "O'Curruncho". Un restaurante gallego no demasiado grande, donde nos atienden de maravilla y que destaca en gran medida por su comida casera.

Entre sus platos estrella está la tortilla de patata, que sirven como tapa aunque también la suelen ofrecer como uno de los primeros platos a elegir.

A este restaurante acuden personas de toda índole y condición. Muchos de ellos conversan sobre temas absolutamente normales, otros de asuntos laborales... pero una tarde, en una mesa un grupo de tres individuos llamó mi atención.

- Jesús, entró en el templo y con un látigo y sacó a los mercaderes por profanar la casa de Dios. ¿Os dais cuenta de lo que pasaría si alguien hiciese hoy eso?

Tras oír dicha frase no me pude contener y continué escuchando.

- Jesús, era un revolucionario. Pero lo que le movía, era la fe.

- La gente ya no tiene fe. - Dijo otro.

Uno de los tres contertulios miró su reloj. Eran las tres y ya iban por los postres.

- Tenemos que irnos.

Los otros dos se levantaron.

Me fijé en ellos. Eran hombres de entre treinta y cinco a cincuenta años. Me sorprendía que hablasen de ese tipo de temas con la ingenuidad de un niño. Quizás el problema sea mío, que a pesar de haber recibido una educación religiosa he perdido la fe. Cosas que pasan.

jueves, 13 de septiembre de 2012

SUCEDIÓ EN EL CORTE INGLÉS

Hoy es un día normal, o al menos por el momento. Han pasado varias horas desde que me he levantado, y el día me está dando bastante de si.

He tenido que realizar mil papeleos, compulsarlos, presentarlos, etc. Vamos, el día a día de un joven empresario.
A última hora de la mañana me dirigí al Corte Inglés que hay próximo a la Puerta del Sol madrileña. Lo que tenía que hacer era fácil, comprar unas cintas para una de mis cámaras.

Una vez entré en el centro comercial iba pensando en mis cosas. Así, que subí hasta la cuarta planta en vez de pararme en la segunda que era como debía haber hecho.

Ya allí había un gran revuelo entre los dependientes. Un individuo se había apropiado de un aparato electrónico, (por lo que entendí debía de ser un disco duro externo).
Uno de los dependientes, que debía ser el encargado de planta estaba disgustado. Hablaba con una de sus dependientas.

Encargado: Mira que te lo he dicho, que te fijaras en él. Nada más le he visto sabía que iba a robar algo.

La mujer, intentó disculparse .- Mujer: Cuando intenté llamarle la atención echó a correr, no pude hacer nada.

Fue entonces cuando entré en la conversación.

- Ya es mala suerte .- Dije.

Encargado: Lo que pasa es que si estamos pendientes de todo el mundo que entra aquí no haríamos otra cosa.

El hombre me cobró y me fui.

Pensando también en mis cosas me dirigí a las escaleras mecánicas. Fue entonces cuando repentinamente escuché un estruendo.

Dos bolsas gigantes del conocido centro comercial saltaron por los aires.

Un hombre de unos setenta años, caminó en dirección contraria a las escaleras mecánicas. Se calló de frente a estas.
Rápidamente le cogí del brazo, tiré hacia arriba de él como pude.

Desde lo alto escuché una voz.

- ¡Páralas! ¡Páralas!

Un dependiente bajó desde la parte de arriba y llegó a nuestra altura. Apretó el STOP de las escaleras.

Incorporé al hombre. Este, se llevó la mano a su oreja izquierda. Las escaleras, como si de un cuchillo se tratasen le habían rebanado parte del cartílago de su oreja izquierda.

- ¿Se encuentra bien? .- Le pregunté.

El hombre no respondía.

Entre el dependiente y yo incorporamos al anciano. Le sentamos en un banco chiquitillo, color verde, de esos que se utilizan para tocar el piano.

Llegó un chico joven de seguridad. Preguntó al anciano si se encontraba bien y si quería ir al botiquín.

- Estoy mareado .- Respondió tímidamente.

Me incliné y comencé a hablar con el.  De su mano chorreaba sangre.

- ¿Está bien?

- ¿Ha sido en la oreja no? .- Me dijo sollozando.

- Sí ha sido en la oreja, pero no se preocupe que no ha sido nada. - Le respondí.

Dirigí la mirada hacia su otra oreja, por si el destrozo había sido más serio de lo que me imaginaba.

Me percaté de que de su otro aparato auditivo colgaba un audífono. Que tal vez por eso no me respondía en un primer momento, que por eso no podía oírme. Pensé, que quizás, ese aparato se quedó sin pila y falló.

Llegó más personal del centro comercial. Yo ya no pintaba mucho allí. Me despedí del anciano.

- Bueno señor, yo ya me voy.

El hombre alzó la mano, despidiéndose.

A continuación me dirigí al hombre que me ayudó a levantar al anciano.

- Ya me voy.

Preocupado me respondió .- Gracias tío.

domingo, 9 de septiembre de 2012

HOLMES & WATSON: MADRID DAYS

Hace unos días tuve la ocasión de acudir al estreno de la nueva película de José Luis Garci, "Holmes & Watson: Madrid Days".
Desde su rodaje el pasado año, muchos fueron los rumores a cerca de la trama de la historia que por un lado no dejaba de llamarme la atención.

"Sherlock Holmes y su ayudante John Watson acuden a España tras la pista de Jack el destripador".

Sin ningún género de dudas, la premisa era de lo más interesante. Después, una vez vista tengo que decir que la película no decepciona y que además nos encontramos ante un híbrido raro, extraño y que por momentos, incluso nos absorbe.

Garci, demuestra una vez más que cuenta las historias como el sabe, que no se agarra a modas ni a imperativos ajenos de un cineasta acostumbrado (sobretodo en los últimos tiempos) a que gran parte del público y de la crítica le tachen de lento, aburrido y anclado en otro tiempo.

El cineasta madrileño, ha declarado que vive como en una especie de burbuja, sin móvil, sin ordenador, internet, twitter ni similares, algo que se nota en su cine, carente de una narración actual, como si estuviese hecho hace diez, quince o vente años atrás.

Con todo, caben destacar las interpretaciones de sus protagonistas principales Gary Piquer y José Luis García Pérez como Holmes y Watson respectivamente; que a pesar de no ser conocidos para el gran público resuelven la papeleta con unas interpretaciones más que convincentes.

Entre los secundarios, nos encontramos con Víctor Clavijo, uno de los mejores actores de su generación y que está excelente interpretando a Josito Alcántara, un reportero rico de espíritu pero pobre de medios.
Jorge Roelas, habitual del cine de Garci de un tiempo a esta parte, con un papel más amplio que en otras ocasiones interpretando a un viejo amigo de Watson; Luis Delgado.

Pero si tenemos que destacar a un actriz del reparto me quedo con la camaleónica Macarena Gómez, capaz de transmitir con tan solo una mirada, la bondad y la inocencia de la artista de variedades Berna. Uno de los pocos personajes en la cinta con un toque humorístico. (Dando al filme cierto oxígeno).

Tampoco me puedo olvidar de Manuel Tejada y Enrique Villén, que se han ganado a la fuerza ser imprescindibles en nuestro cine.

Con todo, "Holmes & Watson: Madrid Days", es un filme completamente recomendable, que a pesar de  no ser el mejor título de su realizador si nos deja con un buen sabor de boca y después de todo, eso es lo que importa.

jueves, 30 de agosto de 2012

LOS MERCENARIOS 2

Tras la explosión que supuso en mi "John Rambo", me entusiasmé con el vuelco que había dado la trayectoria de Sylvester Stallone.
Entraba en internet y buscaba noticias a cerca de sus nuevos proyectos. Cada uno que se anunciaba me apasionaba aún más.

Incluso, se rumoreó con la posibilidad que en una hipotética quinta parte de la saga "Rambo", el  veterano de Vietnam se enfrentase a un ser sobrenatural. Algo que nunca vi demasiado claro.

Al poco, todas estas posibilidades se desvanecieron cuando surgió el proyecto de "Los Mercenarios". Stallone, quería reunir a todos los iconos del cine de acción de los 80 y 90 en una misma película.

Pasó el tiempo, y casi sin darme cuenta me encontraba en la sala de cine disfrutando de una película que sin ser nada del otro mundo, me hizo volver a la infancia y disfrutar como un niño. (Nunca mejor dicho).

Una vez vista, estrenada y demás parafernalias, comenzaron los rumores sobre esta segunda parte.
Lo que quedó claro desde un principio es que Stallone no la dirigiría.

En su lugar, un solvente Simon West, un tipo que siempre me ha parecido bastante bueno haciendo cine de acción.
Para reforzar el espectacular reparo de la primera se sumaban Chuck Norris y Jean-Claude Van Damme como el malo de la cinta en detrimento de Eric Roberts (fallecido en la primera entrega) villano, malo - malísimo de la primera aventura.

Ayer llegó el momento. Me reuní con los mismos amigos con los que había visto la primera parte. Fuimos al cine. Pasamos del partido de fútbol.

Una vez sentado en la butaca me dejé llevar. Pasaron ciento tres minutos sin darme cuenta. Tiros, violencia, acción y una secuencia memorable en el último acto de la cinta que no desvelaré para quien no la haya visto, que en un futuro rellenará muchas páginas de la historia del cine.

Y es que soy de los de la opinión, que el cine, es para entretener y no para aburrir. Ahí lo dejo.

lunes, 27 de agosto de 2012

CANALÓN

Me encontraba en el popular barrio madrileño de La Latina. Hacía de guía turístico a unos amigos que venían a pasar unos días a la capital.

Aunque pensándolo mejor, tampoco hacía tanto de guía, la verdad, puesto que dos de mis amigos también residían en la ciudad.
La cuestión es que nos encontrábamos en una de las calles mientras decidíamos a que bar acudir, cuando de repente, escuchamos un estruendo: ¡zas!

Miramos a un lado. Un canalón de un edificio se había desprendido y había atravesado la cabeza de una chica.
La escena me recordó a los dibujos clásicos de Disney donde Goofy sufría los más aparatosos accidentes.

Rápidamente nos acercamos, la chica estaba bien, se quitó el canalón (que al menos medía dos metros) de la cabeza produciéndose un ligero corte cerca de la oreja derecha.

Llamamos a la policía.

La joven, (italiana para más señas) se encontraba aterrorizada. Su novio intentaba comunicarse con nosotros como podía ya que no hablaba ni inglés, ni español.

Después, llegaron los bomberos, hicieron un reconocimiento al edificio, para entonces, ya nos habíamos ido.

viernes, 10 de agosto de 2012

UNA POLLA DESCOMUNAL

Antonio es el camarero del bar donde desayuno algunas mañanas. Dicho establecimiento, no es el más glamouroso de la zona pero me siento cómodo cada vez que voy allí.
A pesar de que llevo casi dos años acudiendo muchas mañanas creo que Antonio ignora como me llamo.
Sin embargo, aprendí su nombre porque la clientela (abundante todo hay que decirlo) le llama por su nombre.

Hace unos días una noticia llamó la atención de Antonio. Un hombre había sido detenido en la aduana de un aeropuerto de San Francisco porque se creía que llevaba consigo un arma y en realidad lo que tenía entre sus piernas no era otra cosa que su pene.

Antonio leyó en voz alta la noticia a los clientes del bar entre los que me encontraba.

Venti seis centímetros en reposo y casi treinta y cinco en erección, ¡eso es una polla descomunal! -exclamó.

Fue entonces cuando una cliente tomó la palabra.

- Y bien gusto que dará.

A lo que la cocinera (que por allí rondaba) contestó.

- ¡Qué miedo, eso yo no me lo meto!

Fue entonces cuando Antonio sacó un metro y lo extendió.

- Mira treinta y cinco centímetros. ¡Eso es salvaje, no me jodas!

Antonio me miró y me dijo.

- ¿Qué te parece?

- Pues eso, descomunal. - le respondí.

Antonio recogió su metro sonriente.