domingo, 27 de enero de 2019

POR QUÉ NO SOY CRISTIANO

Bertrand Russell llegó a mi vida el pasado año. Hasta la fecha no sabía absolutamente nada de él.

Como ya comenté en post anteriores, Goize cuenta con una biblioteca de lo más interesante.
Fue por ella por quien comencé a leer al escritor galés.
Y es que muy probablemente, si queremos conocer en profundidad a quien comparte nuestra vida, leer lo que esa persona ha leído nos hace entenderla mejor.

En mi caso, siempre he leído novelas que me han recomendado mis compañeras sentimentales.
Al leer los libros que a ellas les influyeron me han hecho entender su pensamiento y en muchas ocasiones su manera de vivir.

Sin embargo, no veo nada más profundo que un texto ensayístico.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta que este género literario me atrae enormemente.
Un pensamiento filosófico como el de Russell o un libro de viajes de corte periodístico de Kapuscinski me atraen infinitamente más que ciertas novelas.

En cuanto a la que nos ocupa, "Por qué no soy cristiano" es una recopilación de artículos y textos literarios sobre los que el escritor británico quiso dar voz.
Si bien a principios y mediados del pasado siglo veinte, la sociedad de la época era de lo más conservadora, a día de hoy un pensamiento locuaz e inteligente como el de Russell se quedaría como la corriente correcta.

Pero lo importante no es estar en el pensamiento correcto en la era actual, sino adelantarte al tiempo en el cual te ha tocado vivir.
Russell reflexiona sobre la culpa, el castigo y la imposibilidad de evolucionar como ser humano y que nos impone la religión cristiana. (Muy probablemente otras también, las cuales por cierto, también cita).

Bajo mi punto de vista y experiencia propia (creo que siempre hay que hablar sobre lo que uno conoce) la moral cristiana me ha llevado a no experimentar o a no conocer cosas que igual hubiera debido conocer.
Pongamos por caso, no hacer ciertas acciones relacionadas con mi profesión por el miedo al qué dirán.
Muchas veces podría haber decidido haber escrito o dirigido ciertas cosas que he plasmado por el miedo en que pensaría mi entorno más cercano; y eso es condición de la moral cristiana que me corroe.
También, el sentimiento de culpa por no trabajar a diario, sentirme mal por pasármelo bien, por tomarme unas copas... Ese tipo de cosas no deberían de existir en la moral de ningún ser humano. Pero incluso a día de hoy me siguen acompañando.
El miedo a vivir no puede un motor diario a la hora de afrontar nuestro día a día.

Ahora bien, dicho esto si hay cosas del cristianismo que me parecen interesantes y lógicas. El amor hacia los demás, el ayudar, el respeto al prójimo y por supuesto a no odiar, son valores que si se quedarán conmigo y que espero que no me abandonen.

En este ensayo podemos encontrar reflexiones a cerca de la libertad sexual en los jóvenes y cuán necesaria es para ellos.
El escritor por ejemplo, cree interesante que los niños tomen con absoluta normalidad el verse desnudos delante de sus padres.
Pongamos que una familia se va a la playa. A la hora de cambiarse y adquirir esa normalidad padres e hijos deberían de cambiarse en conjunto, viéndose los unos a los otros para normalizar las diferencias entre hombres y mujeres, y de como a golpe de vista los pequeños sientan la diferencia de la igualdad.

Incide también el tener una educación sexual abierta. El hablarles a los jóvenes con conciencia y con capacidad de análisis de las relaciones sexuales.
Nos habla también de como es el sentimiento de cada uno respecto al amor. La dependencia de algunos seres humanos para estar con otros y la independencia del que sólo quiere relaciones esporádicas porque lo único que desea es estar consigo mismo.

Todas esas opiniones son válidas, valorables y respetables,  porque es ser humano a pesar de ser único, es independiente y moralmente distinto cara a su propia psique.

Interesante pasaje del libro es también la transcripción de un debate radiofónico entre Russell y el padre F.C. Copleston donde este segundo defiende el cristianismo, la existencia de Dios y la vida después de la muerte y el otro realiza un pensamiento lógico de todas esas preguntas planteadas.

Una vez leído este pasaje nos damos cuenta que las dos posturas, en un principio encontradas en ocasiones tienen puntos en común, tan interesantes como por supuesto, reflexivas.

En la última parte de este compactado de ensayos y artículos periodísticos hay una breve reflexión de por qué Bertrand Russell fue vetado como profesor en la universidad de Nueva York.
Y es que muchas fueron las voces que se pusieron en su contra a la hora de ser docente en la universidad estadounidense.
Una vez proclamado, muchas voces se opusieron rotundamente a su nombramiento debido al pensamiento libre del filósofo.

Incluso, se puso en juego una ayuda anual de siete millones quinientos mil dólares si Russell era profesor de dicha universidad.
Contra tal maña, el rectorado que lo había nombrarlo tuvo que prescindir de sus servicios.
Los "subvencionadores" (si se puede decir así) de dicha universidad, (todos ellos conservadores) no iban a permitir que alguien que defendía la libertad sexual, el reconocimiento los homosexuales y que cuestionaba la moral cristiana tuviese cabida en el pensamiento de las nuevas generaciones de universitarios.

Años después, a Russell se le concedió el premio Nobel de literatura (concretamente en el año 1950), ninguno de aquellos que le vetaron le escribieron para felicitarle.
Quizás, nunca reconocieron el error que suponía no contar con una mente tan brillante como la suya.

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